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#19 | NOVIEMBRE 2019 | Sumario
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Incidencias clínicas de la carencia paterna ¿Cómo se analiza hoy?
Gerardo Battista y Marcela Ana Negro (Compiladores)
Por Ana Cecilia González

Estamos ante un libro que apunta de lleno al corazón de nuestra praxis en el siglo XXI, con una pregunta que condensa una ética: ¿Cómo se analiza hoy?

Se trata de un cuidadoso trabajo de compilación y edición, elaborado a partir de una interrogación fecunda dirigida a destacados colegas de nuestra comunidad, y haciendo extensiva la interpelación al lector-practicante.

Adentrarse en la lectura de estos textos supone arriesgarse a la experiencia de que ciertos términos de la doctrina, que podrían resultar gastados por el uso -madre, padre, falo, etc.- se vuelvan de entrada un poco extraños, para luego adquirir nuevos relieves, en el esfuerzo por morder la experiencia.

Extraída de una fina lectura del comentario magistral que Lacan le dedicó al caso Juanito, la dupla conceptual carencia paterna/soluciones atípicas, hace de brújula para explorar las presentaciones de la clínica actual, tomándose en serio la exigencia de contemporaneidad propia de la orientación lacaniana.

El lector se encontrará con elaboraciones originales que se esfuerzan por decir del real que orienta nuestra praxis hoy, abordando temas y conceptos tan variados como el superyó materno, la politoxicomanía contemporánea, el estatuto del S1 en la época, el deseo del analista y la transferencia, la bipartición del goce, las soluciones más acá del falo, la relación del sinthome con la nominación y la invención, entre otros.

En resumidas cuentas, un libro a recomendar enfáticamente, que exige y merece una lectura atenta.

 

“Notas sobre la belleza y el exilio. Tiempos, fragmentos, lógicas de análisis”
de Andrea Cucagna de Carnevale
Por Gustavo Dessal

No resulta sencillo comentar este nuevo libro de Andrea Cucagna. Es mucho más fácil entregarse a su lectura, dejarse llevar por la cadencia de su escritura, por la musicalidad de las pequeñas historias, por la belleza de unas letras que componen una obra singular, puesto que no es exactamente un ensayo, ni una ficción, ni un poema, y a la vez es todo eso junto, pero sabiamente escandido como para que el lector no olvide en ningún momento que la autora es una psicoanalista que practica el análisis, y que sus elaboraciones se sostienen en lo real analítico.

Tampoco se trata de un conjunto de textos que pudieran calificarse como testimonios de pase, aunque es indudable que para la autora estos fragmentos articulados por la lógica analítica y la belleza de lo poético tienen un valor de pase. Al menos es así como yo los leo, como un testimonio que no ha sido validado por un cártel del pase, pero que aguarda el veredicto de cada lector, que sin duda será distinto para cada uno.

La sublimación no es una salida ni deseable ni exitosa para todo analizante. Una razón para abandonar la idea -que alguna vez fue moda- de que la mejor manera de resolver un impasse en el análisis de alguien era alentar en él o en ella la escritura. La escritura no es algo que se enseña ni se sugiere ni se estimula. Es algo que ciertos sujetos pueden practicar de tal manera que eso los rescata, los saca a la superficie, los redime de la caída. En el caso de Andrea, el psicoanálisis y la escritura conforman una trama en la que ella urde su propia experiencia del inconsciente, su práctica analítica, y un goce que se insinúa entre las líneas. El libro posee un orden de lectura, pero casi me atrevo a decir que -al estilo de “62 Modelo para armar” de Cortázar- cada lector puede organizar su propio plan de lectura, que no tiene necesariamente que ser el que la autora nos propone, puesto que las piezas que componen la obra admiten secuencias diferentes, combinatorias que le dan al conjunto una virtud caleidoscópica.

Fragmentos de la experiencia del propio análisis, lecturas, sueños, evocaciones de la historia edípica, diálogos imaginarios entre novelas, cartas escritas a destinatarios que no las leerán porque no llegarán nunca a ser enviadas, todo ello, de una manera verdaderamente inédita, que no admite acomodación en ningún género establecido, confluye finalmente para mostrar hasta qué punto el acto analítico, la acción concreta de una praxis clínica, se alimenta de un saber que muy poco o nada tiene que ver con el conocimiento de los textos, aunque tampoco se podría haber conquistado sin ellos.

Curiosamente, para desembrollarse del síntoma, del propio, la autora se interna en la escritura como otra, adoptando un nombre ficticio que se convierte en el protagonista de lo que se escribe. Darse un nuevo nombre es el corolario de una lógica que se deduce del proceso del análisis: para escribir, así como para ejercer la función analítica, ella necesita “vaciarse” de sí misma, de allí que aquella que surge de esa alquimia reciba un nombre diferente, puesto que será en tanto otra que la escucha analítica cambie para la Andrea su modo de dirigir una cura.

En el libro no encontramos una abundancia de datos biográficos e históricos. Tan sólo unas mínimas pinceladas que nos permiten hacernos una idea del contexto subjetivo de la autora, las coordenadas de algunos significantes fundamentales. Deducimos que la angustia y un duelo imposible fueron malestares que exigieron un análisis y un recorrido esforzado. Pero no sabremos mucho más sobre sus síntomas. Andrea ha puesto más empeño en mostrar cómo la intertextualidad es su modo de crear una salida, de tender un puente, de sortear un vacío. Una intertextualidad que todo el tiempo se nutre de la belleza, de lo estético, conceptos que la autora trabaja de un modo singular, sin el apoyo de referentes académicos, sino más bien sustentados en lo que va encontrando en el recorrido de su propio análisis. Los sueños ocupan un lugar privilegiado, algo que no le sucede a todo el mundo. Hay análisis cuya lógica se ordena fundamentalmente a partir de los sueños, mientras que en otros los sueños apenas ocupan un pequeño lugar en el trayecto de la cura. Para Andrea los sueños han sido acontecimientos claves, cuyo desciframiento nos entrega por momentos de un modo misterioso, sin prodigarse en explicaciones ni detallarnos la procedencia de la interpretación, que en algunos es dada por el propio analista.

Todo es en este libro más sugerido que mostrado, entrevisto que exhibido. La experiencia analítica, la relación con lo literario y lo poético, las soluciones sintomáticas, algunos fragmentos de casos clínicos, se entregan como pinceladas, puesto que la caligrafía de la obra tiene tanto valor como su contenido.

El libro se prolonga con una serie de entrevistas realizadas a Antoni Vicens, Miquel Bassols, Alexandre Stevens, Ana Lucia Lutterbach Holck, Aníbal Leserre, Paula Borsoi, Blanca Musachi, Liliana Ávola, Gabriela Rost, Pablo de Cruz, Matías de Cruz. Yo mismo estoy también incluído en esa serie, respondiendo a la amable invitación de la autora. Esas entrevistas son en verdad las respuestas que cada uno de los nombres citados dan a tres preguntas que nuestra autora les formula. Las mismas tres preguntas para todos ellos, quienes habrán de interpretarlas conforme a lo que en cada sujeto resuena. Una pregunta sobre “los equilibrios inestables” que un análisis nos ayuda a conquistar; otra pregunta sobre el modo en que cada uno asume la vivencia del exilio y la distancia como división irreductible, y finalmente una pregunta sobre la belleza, centrada en la experiencia que de ella hacemos en el recorrido de un análisis.

No es nada frecuente que en un número no muy extenso de páginas nos encontremos con tanto sobre lo que releer, reflexionar y buscar. El libro de Andrea Cucagna es una invitación a quien así lo lea, para proseguir una indagación sobre las formas en que la clínica, lo poético y la experiencia del inconsciente se encuentran sin fundirse ni confundirse. Se encuentran para dialogar en un tiempo finito pero sostenido.

 

La mujer de Dios
Gerardo Arenas Santiago Arcos editor/PARABELLUM
Por Liliana Avola

“Mediante un milagro divino, los nervios de Dios correspondientes al semen masculino
fueron arrojados dentro de mi cuerpo: había tenido lugar, pues, una fecundación.”
Daniel Paul Schreber
Memorias de un enfermo nervioso

Esta cita de Schreber antecede al primer capítulo del libro: Voces. Allí comienza la travesía literaria de Horacio Derocq. Así, con una puteada primero, con una invocación a Dios después. Quiere escribir una biografía de Schreber, es una espina clavada en su estómago que sólo logrará sacarse si puede escribirla.

Él leyó las Memorias, leyó de política, educación, economía, derecho, etc., etc.,.Viajó a Alemania a recorrer los sitios donde transcurrió la vida de su personaje, que por momentos es él mismo. Y en otros momentos aparece el dramaturgo, el cineasta que quiere transformar esa vida en cuadros en una película que ficcionalice la vida de Schreber. En ese intento de escribir se siente atrapado y a la vez se pelea con el personaje que tiene todo el tiempo en su cabeza y del que suelta apenas algunas líneas y vuelve a perderse en la maraña de ideas.

Mientras tanto su vida va discurriendo por distintos andariveles, su vida amorosa, sus amistades con las que hubo historias y el cine, eso que también lo apasiona, su estética.

Ante las adversidades Derocq dice: “si no te sale, prueba de otro modo. Si fracasas mil veces, vuelve a intentarlo. Aunque jamás lo logres, esa será la obra de tu vida.”

A Voces le sigue Transformaciones, a esta Catástrofes, Resurrecciones, Precipitaciones y Desenlaces.

Horacio nos lleva al mundo de la filmación, de la dramaturgia, de otros actores-personajes con los que vive su vida y comparte la de ellos.

De diálogos fluidos y escenas dinámicas, pasamos de la escritura a las imágenes de una película. Nos lleva de su mano, nos deja perdernos para volvernos a encontrar con el personaje-escritor.

En esta novela se ve la pluma grácil y precisa de Gerardo Arenas que no escatima en detalles, guiños e informaciones para ubicarnos en ese escenario en el que ambienta su libro.

Arenas novela el enigma de la psicosis, esa espina que habita en cada escritor y aún más cuando éste es Psicoanalista.