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#18 | DICIEMBRE 2018 | Sumario
Nuevo lector
Fuego frío
Henri Kauffmanner, Director de la Bibliotecas de la EBP

El libro “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, eternizado en el cine por François Truffaut, nos presenta una sociedad en la que está prohibida toda forma de escritura. Se incineran los libros para evitar la lectura y los posibles lectores son perseguidos y llevados por la fuerza a cautiverio para tratamiento. La historia ocurre en un tiempo futuro, mítico, en el que un régimen autoritario considera que la lectura vuelve a las personas improductivas. La trama presenta una inspiración nítida en la experiencia del nazismo, cuyo recuerdo no nos deja olvidar la diseminación de la quema de libros.

Podemos arriesgarnos a decir que, en fin, el futuro llegó, pero que las previsiones de la ciencia ficción no se muestran exactamente como fueron imaginadas.

Lacan, entrevistado en 1977, decía que nunca había leído una novela de ciencia ficción pero que escuchaba mucho lo que decían sobre el estilo. Para él, “la ciencia ficción no se constituye sino de aquello que la des-constituye, es decir un inconsciente del que no se sabe nada, salvo que está estructurado como un lenguaje”1. Se constituye de lo que la propia ciencia excluye, pues ella “solo sirve para expresar estructuras inconscientes absolutamente particulares”[1]. El discurso de la ciencia sería incapaz, a su vez, de realizarse plenamente porque desconoce el inconsciente. La ciencia-ficción entonces, es “la que articula cosas que van mucho más lejos de lo que la ciencia soporta como saber enunciado”.

“Fahrenheit 451”, como ciencia ficción, revelaba ya en 1953 un cierto orden del avance tecnológico. Si hoy en día los libros de hecho no son quemados, la idea de que la escritura vuelve a las personas improductivas se impone bajo el reino del imperativo superyoico de la performance. La entrada en escena del mundo virtual produce frecuentemente un efecto devastador sobre las letras, rechazando los agujeros que se precipitan a partir de la escritura y consecuentemente, recusando la lectura. Como un fuego frío, los últimos acontecimientos electorales alrededor del planeta nos muestran de manera ejemplar su poder de incineración.

En su artículo “The end of theory: the data deluge makes the scientific method obsolete” de 2008, Chris Anderson[2] anunciaba la era de los Petabytes [3] y los cambios que traía su llegada. Según él, en la escala de los petabytes la información no es asunto de una taxonomía u orden, sino de una estadística de dimensión agnóstica.4 Eso exige un acercamiento totalmente diferente, requiere abandonar la creencia de que los datos pueden ser visualizados en su totalidad. Somos forzados a leer los datos primero matemáticamente para luego establecer un contexto. Como paradigma de esta era, Anderson hace referencias a Google resaltando que conquistó el mundo simplemente con matemática aplicada. No hay ningún interés de Google en saber sobre la cultura o sobre las convenciones. Basta con hacer uso de los mejores datos, con las mejores herramientas de análisis. Eso ya es suficiente. Nada de análisis causal o semántico. Es así, por ejemplo, que Google consigue traducir lenguas sin conocerlas realmente. Eso permite también colocar anuncios a los contenidos sin ningún conocimiento de lo que se trata en esos anuncios, incluso de su contenido.

Por la tanto, provoca Chris Anderson, olvidan toda teoría del comportamiento humano, de la lingüística o de la sociología. Toda taxonomía, ontología o psicología es dispensable. Al final ¿quién sabe por qué las personas hacen lo que hacen? Con un número suficiente de datos, los números hablan por sí mismos.

Ese es el desafío que se abre para el psicoanálisis.

La era de los Petabytes propuesta hace 10 años por Chris Anderson, anuncia un nuevo modo de relacionarse con el saber y sus agujeros. El no saber pasa a ser desconsiderado en una perspectiva pragmática en la que la acumulación de datos revela las evidencias de modo satisfactorio. No es necesario pensar en correlaciones o en algún sentido singular de la experiencia.

Como intervenir en este mundo a partir del discurso del psicoanálisis es la pregunta que se nos presenta como psicoanalistas. ¿Cómo pueden las bibliotecas, que tradicionalmente celan por la virulencia de los libros, participar de esta novedad? No hay como no introducirnos en esta realidad ampliada, ya que, hay que señalar, es la subjetividad de nuestro tiempo. Una subjetividad en la que el parlêtre se ofrece en una servidumbre adictiva consecuente a los moldes del discurso del capitalismo.

Traductor: Silvina Rojas

NOTAS

  1. “Entrevista a Lacan sobre la ciencia ficción” (1976) en Rev. Lacaniana 24 julio 2018. p17.
  2. ANDERSON, C. The end of theory: the data deluge makes the scientific method obsolete. In.: EDGE. Disponível em: www.wired.com/2008/06/pb-theory/. Acesso em: 20 novembro. 2018.
  3. Petabytes es la medida de capacidad digital más alta actualmente. El punto más alto en la serie: kilobytes<megabytes<gigabytes < terabytes < petabytes. Un petabyte corresponde a la cantidad de datos procesados por los servidores de Google cada 72 minutos.